Noche de domingo y sin poder dormir…

Haciendo zapping me encuentro con, horror, Sánchez Dragó y una camarilla de intelectuales (bueno, me he pasado, las dos escritoras [féminas] parecía que eran inteligentes) en un programa a lo “Negro sobre Blanco” (todo esta en los libros, tipitipiti).

Insomne e hipnotizado, intento aprovechar el programa, a ver si su amena conversación me llena de sopor.

Y casi acabo de mala leche…

Javier Marías probablemente escriba sobre tonterías y venda libros por la maquinaria que tiene detrás. Pero vende. Y le leen.

Ídem, guardando las distancias, con Dan Brown.

No les gusta esa literatura (a mi Javier Marías también me aburre), de acuerdo, pero la crítica brutal que hacen me resulta insultante, no ya tanto con respecto al escritor, sino con relación al lector. Aludían incluso a la falta de cultura/intelecto del lector.

Maravilloso, señor Sánchez-Dragó, al igual que usted no pudo pasar de la página 30 del Código Da Vinci (libro entretenido, a mi entender), yo no pude pasar del segundo capitulo del Ulysses de Joyce. Y a mi Hemingway, de momento, me agobia. Y no digo que usted sea peor ni mejor que yo. Es simplemente cuestión de gusto (si no es así, muestrenme una regla que se pueda aplicar para distinguir la “alta literatura” del resto, aparte de la “opinión experta”, claro, porque la razón sí que tiene sus reglas, ¿sabe?)

Isabel Allende tampoco es de su agrado.

Vale.

Joder, vende libros también… empiezo a encontrar un patrón:

Éxito (NO = ) Elite (=) Minoría (=) Yo y mis amigos los elegidos.

Salvo la honrosa excepción de Eduardo Mendoza (genial), las menciones a libros recomendados en esa “camarilla” (este día concreto) son a casi desconocidos.

¿Acaso debemos considerar a un grupo de intelectuales adalides de lo bueno y lo malo?

Gustos (plural) y capacidad de decisión, ahí esta la clave.

Las recomendaciones de libros, quizá sea lo único que se salva del programa, aunque no me gusta nada eso de tirar libros al cajón (si no te gusta un libro, ni lo menciones).

En fin…